lunes, 8 de marzo de 2010

CARA A CARA CON LA LEYENDA


Hola amiguetes a continuación he subido una suculenta e interesante entrevista que mi idolo del periodismo ciclista : Carlos Arribas le ha realizado al mito del ciclismo Lance Armstrong a su paso por murcia y como el americano no deja conceder muchas entrevistas para periodistas solo a los muy especializados he visto conveniente publicarla porque no tiene desperdicio aquí os la dejo que la disfruteis.
Jubilados británicos que pasan el invierno entre gin tonics y palos de golf. Olor a purines en la puerta, olor que une los orígenes agrícolas de la zona, el campo de golf que rodea la urbanización surgida en medio de la nada. En la habitación de Lance Armstrong (Tejas, Estados Unidos; 1971), el viernes por la noche, ropa desordenada sobre una cheslón, una tele encendida al fondo. El ciclista, pocas horas después de haber "sufrido como un perro" en la subida a Collado Bermejo, momento fuerte de la Vuelta a Murcia, relajado. "Sí, sí, me cansé bastante, pero ahora me siento bien. Wiggins [Bradley, corredor británico] está fuerte. Le veo fino", comenta. ¿Más que el año pasado? "No le vi en marzo del año pasado, pero ahora ya está delgado. Ha perdido culo", explica.
Pregunta. Leyendo su twitter, en el que cuenta su vida, uno no puede evitar admirar su capacidad para dar con la expresión precisa, su chispa... Más parece un hombre de la agencia de Madmen que un ciclista.
Respuesta. Lo único que he hecho en mi vida ha sido ser ciclista, pero creo que hay una gran diferencia entre los demás y yo. Y es que yo llevo haciéndolo casi 20 años. Y he conocido muchísimos sitios. El ciclismo me ha llevado a todos los continentes. Y se aprende de todo, a valorar a otras gentes, otras culturas, otras lenguas, arte...
P. ¿Pero no piensa que la diferencia con los demás está en su mirada, no en lo que mira?
R. Sí, claro, es diferente a la de los demás. Sobre todo, por mi experiencia vital. Soy un superviviente del cáncer. Haber pasado por ese periodo lo cambia todo. Eso les pasaría a todos. Cualquier ciclista que lo sufra ahora, dentro de 10 años, será otro; cualquier persona de la calle... Es un cambio de perspectiva inevitable.
P. Cualquier cosa que usted toca la convierte en tendencia. Las pulseritas amarillas, que todo el mundo imita de todos los colores; su twitter tiene ya dos millones y medio de seguidores...
R. Lo más importante es ser auténtico. Soy el único que twitea mis twitters. A todos los demás se los hacen sus agentes, sus jefes de prensa, sus hermanas... Y es importante que cuando alguien lea algo sepa que es tuyo.
P. También parece admirable su capacidad para dedicar su energía a cosas diferentes: arte, ciencia, tecnología, obras sociales... Tan distintas como sus gustos musicales, de Miles Davis a punks californianos. Parece que necesita estar todo el día en acción. ¿Cómo lo puede hacer?
R. Creo que siempre ha habido una percepción equivocada porque antes la gente me veía como un ciclista, un deportista que se entrenaba 24 horas al día, plenamente concentrado, sin personalidad, sin intereses, sin amigos... Eso no era verdad. Me interesaba por muchas cosas. Y ahora hago las cosas que me gustan. En cuestiones de arte soy un autodidacta. No he tenido educación, pero, cuando veo una pieza de arte, ella me dice sí o no. Me he hecho unas cuantas casas en muchos sitios y en todas me he esforzado por colgar arte en las paredes. El arquitecto diseña la casa, pero las paredes son cosa del propietario y en ellas se refleja su personalidad. Empecé a coleccionar arte hace unos 10 años. Poco a poco, silenciosamente.
P. ¿Esa conciencia de su propia diferencia le lleva a sentirse superior al resto del pelotón?
R. No; ahora, no. Irónicamente, creo que ahora me siento más cercano a los compañeros. Tomemos el pelotón del Tour, 200 tipos. Ahora hablo más con ellos que antes. Antes sólo hablaba con ocho muchachos, mis muchachos. Ni una palabra a los demás. Y les decía a esos ocho que no hablaran con nadie durante las tres semanas del Tour. Después, que hablaran con quien quisieran. Así que mi conexión con el ciclismo es mejor ahora que antes. De una manera extraña, ahora me preocupa más el deporte.
P. ¿Se preocupaba antes más por usted mismo que por su deporte?
R. Yo no diría eso. No me preocupaba de los otros equipos, pero me preocupaba del mío. Y me preocupaba por Chechu Rubiera lo mismo que por mí. Y los rivales ni existían. Pero en aquellos años era un trabajo y ahora es más una pasión, una diversión. Hay una motivación diferente.
P. ¿Cree que en el pelotón se le respeta o más bien se le teme? Eso es lo que pasaba con Tiger Woods en el golf...
R. Son deportes diferentes. El golf es un deporte individual. El ciclismo, no. El ciclismo es un deporte de equipo y, cuando uno no tiene equipo, tiene que buscarlo en el pelotón. Y un día puede que lo encuentre, pero... ¿al siguiente? Es imposible que yo sepa lo que sienten los demás. Sé que en los viejos tiempos me temían y quizá ahora me respetan. Hay jóvenes ciclistas que se me acercan y me piden, muy educados, si pueden hacerse una foto conmigo. Me hacen sentir viejo.
P. Usted es viejo.
R. Soy viejo, 38 años, pero no tan viejo como Cuesta [Íñigo, de 40 años].
P. A usted le temían. Incluso había corredores que le odiaban por su soberbia, sus maneras de dictador, su mirada desaprobadora... Ahora parece domesticado...
R. Esa mirada... Y todavía la tengo. En la vida hay gente apasionada, comprometida, intensa..., y gente pasiva. Yo soy como los primeros. Incluso las líneas en el entrecejo, las que marcan mi mirada, son ya permanentes. En los viejos tiempos podía mirar así a algún periodista loco como un ataque, pero también miro así a mis hijos en casa cuando no me obedecen. La misma mirada intensa. Y se la doy tanto a unos que no me gustan como a mis hijos, a los que quiero más que a mí mismo. Es la misma personalidad, la misma intensidad.
P. ¿Tiene algo que ver su pose con la manera como la prensa de Estados Unidos trata a sus héroes deportivos? ¿Es diferente a la europea?
R. Definitivamente, ahora no, pero quizá un poco en el pasado. Mi gran objetivo ahora es ser invisible, no ser visto nunca. Es un compromiso conmigo mismo. Cuando dejé el ciclismo, hice la vida de un joven, con amigos, mujeres, fiestas... Es diferente cómo se cubre el deporte en los medios y cómo la vida social, el estilo Hollywood. No me gustó cómo lo hacían. Alcancé un punto en el que me dije: "Nadie necesita verme". Sólo me dejo ver en las competiciones deportivas o en los actos que organiza Livestrong, la fundación contra el cáncer. Los medios son diferentes ahora.
P. ¿Es una prensa más crítica?
R. Más competitiva, pero desde su propio punto de vista, y más volátil, cambiable. Ahora los ciclos de atención de los lectores o espectadores son mucho más cortos. Hace 50 años sólo había tres canales de televisión en Estados Unidos y una radio, un periódico... Después llegó la televisión por cable, 50 canales. Y empezó la competencia. Y luego Internet, blogs, twitters, videocámaras en todas partes, micrófonos... Finalmente, todo el mundo se siente periodista, es un periodista. Y los deportistas cometemos errores. Antes mencionó a Tiger. Decimos cosas que no debemos e inevitablemente siempre se organiza un carnaval. La moraleja es que ya no hay dónde esconderse. Hay que buscar más hondo y más hondo. Querría imitar a algunos pocos que lo consiguen. A Federer... ¿Alguien le ve fuera de los torneos? A Tiger se le acabaron los escondites. Pero a Johnny Depp nadie le ve nunca. Es como un fantasma. No entiendo a la gente que quiere salir en todas las fotos.
P. ¿Se considera un héroe deportivo? ¿Es posible ahora ser ciclista y ser considerado un héroe?
R. Es diferente en Europa y en Estados Unidos. Aquí dicen de los ciclistas burradas: que si están locos, cualquier cosa... En mi país es distinto. Es un deporte más minoritario. No más del uno o el dos por ciento de la gente lo sigue. A mí la gente me asocia en el mundo con el cáncer. Es bueno.
P. Usted ha criticado la forma en que en España se mitifica a los héroes deportivos. ¿Se siente, quizá, celoso por la manera como se trata a Alberto Contador?
R. No. No soy español. No puedo esperar que me traten igual. La cobertura del Tour en España fue muy pro-Alberto y en Estados Unidos muy pro-Armstrong. Es lógico.
P. ¿Es muy importante para usted ganar por octava vez el Tour?
R. No es esencial. No lo necesito especialmente. Sólo, como una recompensa a un trabajo duro. Pero, honradamente, no hay diferencia entre ganar siete u ocho. El próximo Tour será una gran historia: la rivalidad con Alberto, lo que sucedió el año pasado... Eso será bueno para el Tour, pero no cambiará mi vida ganarlo o no, ni la vida de mis hijos.
P. Pero una persona tan competitiva como usted necesita ganar siempre.
R. Sí. Pero incluso así... Lo primero de todo es que será muy difícil. Tengo 38 años. Alberto, 27 y mejora cada año. Yo lo veo, la gente lo ve, Alberto lo ve... La respuesta no está a mi favor...
P. Pero usted ha sido capaz de ganar contra cualquier expectativa. En todo: en la vida, en el Tour...
R. Sí. Nadie tiene el trofeo desde la salida. Se va a la carrera y se ve quién es el mejor.
P. Volviendo a las miradas, la imagen que resumió el pasado Tour fue la del podio de París, la forma en que usted miraba a Contador cuando recibía la copa. ¿Qué sentía en ese momento?
R. Pero no había emociones fuertes. Mi recuerdo de aquel tercer puesto, de todos los podios, es de alivio, de sentirme agradecido porque todo se acabó y de tener ganas de volver a casa. Son tres semanas de tanto agobio, tanta presión... Alberto fue el mejor del Tour y, para mí, fue lógico y honorable que él estuviera en lo más alto. Yo no estaba celoso, enfadado, amargado... Nada de eso. Él fue el mejor.
P. ¿Cree que su presencia en el podio dos escalones más abajo hizo más grande la victoria de Contador?
R. Quizá, desde su punto de vista o desde el de los medios, sí que le gustó que yo estuviera allí, debajo. Desde mi punto de vista, fue bueno para mí estar ahí. Cantidad de gente, incluidos algunos amigos míos como Eddy Merckx, no pensaban que sería capaz de terminar siquiera entre los 10 primeros. Y hay una gran diferencia entre terminar cuarto y terminar tercero. Por primera vez me di cuenta. Me alegró muchísimo no ser cuarto.
P. En 2009 usted dijo que en 2010 sería más fuerte. ¿Está más fuerte que entonces?
R. Sí. Diferente, al menos. Me siento más ciclista. Quizá tuviera más fuerza bruta el año pasado, pero en éste tengo más fuerza ciclista, que no es lo mismo. Soy mejor ciclista ahora. Hasta me puedo sentir cómodo en el pelotón. El año pasado, al principio, iba nervioso, con miedo, a cola... Por eso me caí en Palencia.
P. Entonces, ¿será más frustrante no ganar el Tour?
R. Sólo me sentiría frustrado si cometiera un error. Si estoy al máximo de mi nivel de 38 años, no cometo errores, no sufro caídas, no me enfermo o pincho en un mal momento, no tengo mala suerte y gana el mejor, no me podré lamentar.
P. Contador le gana subiendo y en las contrarreloj, así que su único terreno favorable pueden ser las emboscadas en llano, el pavés, los abanicos, un equipo más fuerte...
R. El ciclismo está hecho de ello. Y muchas veces hemos tomado muy buenas decisiones en ese sentido. Recuerde mi primer Tour, el pasaje de Gois y Zülle: si él no se hubiera caído y perdido siete minutos, habría sido un Tour completamente diferente. Y era el primer Tour, lo que significa que los otros Tours habrían sido diferentes. Tácticamente, hay que ser muy inteligente.
P. El que en el Tour pasado Contador y usted compartieran equipo, el más fuerte de la carrera, facilitó mucho la victoria de Contador. En la contrarreloj por equipos se deshicieron de todos los demás y luego sólo quedaba la cuestión interna. ¿Cómo entiende que Contador se quejara después del equipo?
R. Es mejor no comentarlo. Como dije antes, éste es un deporte de equipo. Y siempre he creído que hay que valorar a los compañeros. Tú eres el jefe, tienes el maillot amarillo, estás en lo más alto del podio, tienes millones de dólares... Y ellos no tienen nada. Lo más honorable es, pues, respetarlos. Si no, no tendrás nada. Siempre lo he hecho con mis chicos: darles más dinero, respetarlos... Tenemos que ser una familia. Y no es una crítica a Alberto. Es como creo que deben hacerse las cosas.
P. ¿No es posible que sucediera algo, que no sabemos, que hiciera reaccionar así a Contador?
R. Alberto es una persona nerviosa, lo que no es malo. Yo también lo soy. Siempre pensamos que tenemos que hacer más, trabajar más, ser mejores. Todos los grandes campeones son así, todos tienen un pelín de inseguridad en la vida y tienen que compensarlo. Dije nervioso, pero que no se entienda como algo negativo. Y el resto no creo que sea Alberto, sino la gente que le rodea. Si pregunta a cualquiera que haya estado en contacto con ese grupo... Es la primera vez que se lo digo: hay que ser cuidadoso con el entorno. Pero, de todas formas, me lo pasé bien durante el Tour.
P. ¿Su entorno son las personas que dice que sólo saben decir "sí, señor", a todo lo que dice?
R. De nuevo le prevengo. Voy a hacer una declaración en abstracto, no una dirigida concretamente a Alberto y su gente. El papel y la responsabilidad de esa gente es decir "sí" muchas veces, pero, cuando llegar el momento de decir "no", tienen que saber decirlo y esa persona tiene que escuchar al "no". Un montón de gente me dice a mí que "sí" a todo...
P. ¿Johan [Bruyneel, su director] le ha dicho alguna vez "no"?
R. Johan dice "sí" todo el tiempo, todo el tiempo, pero algunas veces dice: "Lance, no". Y yo digo "OK" y me siento mejor después. Cuando alguien en quien has confiado para construir tu carrera dice "no" después de muchos "síes", la única respuesta es "no".
P. ¿Cree, entonces, que Contador debe madurar?
R. Alberto no es estúpido. Es una persona inteligente. Seguirá creciendo y adquiriendo experiencia en todo.
P. ¿Piensa hablar antes del Tour con él?
R. No es necesario.
P. ¿Hay alguna novedad respecto a la investigación de la policía francesa sobre los residuos sanitarios de su equipo en el pasado Tour?
R. Nunca he recibido personalmente noticias de los franceses. Sólo sé lo que leo en los medios, en Internet. Si sólo leyera el periódico local y el New York Times, que es el de referencia, nunca me habría enterado de esta historia porque nunca ha salido allí. No tengo información, no.
P. ¿Cree que, según nos acerquemos al Tour, surgirán más informaciones de ese tipo, dudosas?
R. No tienen ningún interés en sacar historias de éstas un 5 de marzo. No es una gran historia. Pero el 5 de julio es una gran historia, grandes titulares..., así que habrá que esperar. Estamos en el medio de una lucha política entre la agencia francesa antidopaje y la Unión Ciclista Internacional y seguro que a los ciclistas nos utilizan.
P. ¿Estas cosas le hacen pensar que el futuro del ciclismo es anglosajón? En España, por ejemplo, donde hay los mejores corredores del mundo, no hay patrocinadores que quieran construir un gran equipo.
R. Creo que se mezclan dos asuntos. Estamos recuperándonos de toda la miseria de las historias de dopaje y estamos sufriendo una grave crisis económica. Mire España: cinco millones de parados en este país. Creo que una empresa tendría muy difícil justificar un gasto de 10 millones de euros en un equipo ciclista.
P. Pero en Estados Unidos o Reino Unido están saliendo grandes equipos. ¿La mirada que tienen sobre el ciclismo es muy diferente a la de la vieja Europa, a la de los países tradicionales?
R. En esos países hay sobre todo más ciclistas aficionados, gente a la que le gusta salir en bicicleta. Aunque, y no peco de vanidoso, son los hechos, mi historia en el Tour y en la vida, lo que ha multiplicado la afición en mi país. La gente se ha visto expuesta al ciclismo. Lo mismo pasó con el golf y Tiger Woods o con la natación y Michael Phelps. En Estados Unidos la gente sale en bicicleta para hacer ejercicio, no para emular a los ciclistas de la Vuelta a Murcia o la París-Roubaix. Salen en bicicleta por salud. En España, Francia, Italia..., los cicloturistas entienden el deporte. El verdadero drama del ciclismo es la falta de unidad entre organizadores, ciclistas, patrocinadores, periodistas... No se trata de estar siempre de acuerdo en todo, pero mejor la mayor parte del tiempo. Esto es lo que pasa en España. Estoy en la Vuelta a Murcia y no hay equipos españoles por una diferencia de un par de miles de euros. Hay gente, como Alberto, que puede ayudar a que el ciclismo resucite. Y el ciclismo a veces olvida que, sin esas personalidades, no iría a ninguna parte.
P. ¿Seguirá usted en 2011?
R. Lo decidiré tras el Tour. Lo más duro es mi familia. Los echo mucho de menos. No es lo mismo los niños que ya han crecido que el que tuve el año pasado. Miro a los niños de modo diferente. Max me ha dado una perspectiva distinta sobre los niños y la paternidad.

lunes, 1 de marzo de 2010

¿Y TU EN QUE PIENSAS?


Sí, es sin duda una buena pregunta. ¿No te parece? ¿En qué piensas mientras pedaleas? Horas y más horas encima de la bici, tendrás tiempo de pensar, ¿no?
¿O es que acaso los ciclistas (profesionales y aficionados) no pensamos? Sí, por supuesto que sí. Seguro que tú piensas mucho encima de tu flaca. Seguro que alguien te lo ha preguntado alguna vez. El ciclismo es un deporte extraño, puedes pasarte horas pedaleando con otros compañeros, pero en el fondo casi siempre vas solo, pensando y pensando... pero, ¿en qué?Si otros deportes –más colectivos, más sociables–, te permiten desconectar y requieren un alto nivel de concentración; el ciclismo por buena o mala suerte permite reflexiones constantes. Pese a ello, muchos de nosotros encontramos una vía de escape a esto de la pedalada constante. A lo mejor es precisamente esa explosiva mezcla de preocupaciones y sufrimiento físico sobre la bicicleta lo que nos permite un cierto desahogo mental.Pero, volvamos a la pregunta inicial. ¿En qué piensas mientras pedaleas? Tienes frente a ti un recorrido de más de tres horas de bicicleta y hoy sales solo –como casi todos los días que puedes permitírtelo entre semana– y tienes que elegir temas. ¿Quizás piensas en cómo contentar a esa novia que no acaba de comprender cómo puedes pasarte tantas horas en bici por ahí, en lugar de quedarte con ella en casa, especialmente los sábados? ¿Quizás es ella quien muchas veces y con insistencia te pregunta precisamente eso: “En qué piensas mientras pedaleas”? ¿Quizás es el trabajo lo que te preocupa y le vas dando vueltas y vueltas de bielas a tu futuro profesional y a cómo emprender un nuevo camino? ¿Quizás algún familiar enfermo ocupa tu cabeza o quizás no... para qué ponernos dramáticos, es mucho mejor darle vueltas a si cuando llegue la hora de la cena pedirás pizza cuatro estaciones o margarita, no te parece? ¿Quizás sencillamente te preguntas cómo rayos has elegido este duro recorrido si aún no estás suficientemente preparado? ¿Quizás mientras pasan los kilómetros es el mejor momento para pensar en un cambio de bici y vas repasando mentalmente modelos y catálogos, descartas unos, escoges otros...Todo es susceptible de venirnos a la cabeza mientras pedaleamos y quizás lo importante es que esos pensamientos no se queden tan solo en nuestra mente, sino que seamos capaces de exteriorizarlos cuando llegue la ocasión. Pero, ándate con ojo y, entre tanto pensamiento, acuérdate de echarle un vistazo de vez en cuando al paisaje y al entorno, seguro que ahí podrás encontrar una buena fuente de inspiración para futuras pedaladas mentales.

martes, 16 de febrero de 2010

LEGALIZAR EL DOPAJE



La distinción entre lo natural y lo artificial tiene límites difíciles de definir. No es natural, por ejemplo, lavarse los dientes. Usar cepillo y dentífrico es una costumbre muy reciente entre los seres humanos que la cultura ha descubierto como benéfica para mantener una dentadura libre de manchas y de caries. Demos un paso más: tampoco los productos químicos para blanquearse los dientes son naturales, pero a casi nadie le molesta que una muchacha luzca unos dientes resplandecientes, así se los haya enderezado con ortodoncia y blanqueado con peróxido de hidrógeno. Incluso es preferible un abuelo con caja de dientes a un abuelito desdentado.
A las reinas de la belleza no les prohíben participar en los concursos si se han quitado con cirugía una llanta de más en la cintura o si se han puesto con iguales métodos unos cuantos decímetros cúbicos en los senos o en la cadera. A algunas personas les molestan estas ayudas quirúrgicas, pero no dicen nada si se trata de una operación de nariz que no se nota o de una corrección de miopía con varios toques de láser en la córnea.
Aunque el dopaje no es una ayuda cosmética, puesto que hay drogas que efectivamente mejoran el rendimiento, también ahí es difícil definir las fronteras netas entre lo natural y lo artificial. Veamos, por ejemplo, el caso del hematocrito, que es el porcentaje de glóbulos rojos en la sangre. Es deseable que un atleta tenga un porcentaje alto de glóbulos rojos puesto que son éstos los que llevan el oxígeno de los pulmones a los músculos y el oxígeno es la gasolina del cuerpo. Al mismo tiempo, es también conveniente tener una sangre diluida para evitar trombosis. Hay una manera natural de aumentar el hematocrito: viviendo en alta montaña. Si uno se va a vivir seis meses por encima de los 3.000 metros, en un páramo de los Andes, acaba con un hematocrito de más del 50% cuando el normal a nivel del mar es del 40%. El mismo efecto que se obtiene viviendo a gran altitud se puede lograr inyectando una hormona, EPO. El método de la mudanza es permitido; el método químico, no, ni el de las autotransfusiones de sangre, pero esta decisión es caprichosa.
Hay dos motivos que se aducen para prohibir el dopaje: el primero es que es una competencia desleal, pues los que se dopan llevan ventaja a los que no; el segundo es que los deportistas ponen en riesgo su salud. Sobre lo primero puede decirse que con los deportistas de alto rendimiento el problema no es doparse, pues en general todos se dopan; el verdadero problema para médicos y entrenadores es cómo enmascarar el dopaje (con químicos que escondan químicos) para que éste no resulte positivo en los controles. A veces lo que hace que deportistas del primer mundo ganen a deportistas del tercero es que los del primero tienen técnicas más modernas no tanto de doparse como de no ser descubiertos en las pruebas.
Y en cuanto al peligro, como señalaba esta semana John Tierney en el New York Times, el riesgo de que estas drogas hagan daño a la salud de los deportistas es inferior al riesgo que corren por practicar deporte. Es decir, hay más riesgos fatales por boxear, jugar al fútbol o caerse de una bicicleta que por tomar hormonas que aumenten el tamaño de los músculos. Además, decía el mismo comentarista, "la sociedad acepta que se intercambie el peligro a cambio de la gloria" y los deportistas, con tal de triunfar, siempre han aceptado el riesgo y siguen escalando el pico más peligroso del Tíbet aunque uno de cada cuatro muera en el intento.
Dos de las revistas científicas más prestigiosas del mundo han puesto en duda la efectividad de los tests antidopaje y el verdadero daño que el dopaje hace a los atletas. Tanto para Nature como para The Lancet sería preferible legalizarlo y dar cuidados médicos abiertos a todos los deportistas para prevenir los verdaderos riesgos. La mayoría de los superhombres y las supermujeres que vemos triunfar en los Juegos Olímpicos han recibido algún tipo de ayuda química ilegal, pero éstas rara vez se detectan.
Nada más inútil que prohibir algo cuando el fraude no se puede controlar efectivamente y lo único que hay es una fuga hacia adelante para salir limpios en las pruebas. Muchos expertos empiezan a pensar que lo mejor es legalizar el dopaje y controlar sus efectos. En todo caso, dicen, por muchas drogas que se tome un atleta mediocre nunca conseguirá los resultados de uno grande. No es el dopaje lo que hace de Phelps un atleta extraordinario; es una mezcla de genes que lo favorecen con una disciplina de hierro que lo han hecho entrenarse cinco horas diarias durante los últimos 15 años. Aunque quizá tampoco la disciplina sea un mérito: es posible que ésta venga escrita también en nuestros genes.

SKY- EL CIELO NO ES EL LIMITE



"Hay que desmedicalizar el ciclismo", proclama sin ironía, seriamente, el médico de un equipo ciclista. Algunos conjuntos ya han comenzado la tarea convirtiendo a los médicos, hasta hace no tanto las estrellas en la base del rendimiento, en elementos secundarios. Su papel productivo han pasado a desempeñarlo otros profesionales también con formación científica. Son fisiólogos que planifican los entrenamientos y cuidan la alimentación, como Lim Allen, por ejemplo, el nuevo fichaje del equipo de Lance Armstrong, un preparador que trabajó en sus tiempos con Floyd Landis y que ha patentado unos magníficos pasteles de arroz basmati con nutella. Son nutricionistas directamente. Son otra cosa.
Alguno es hasta psiquiatra, como el hombre que marca la diferencia en el Sky, el equipo más diferente, un conjunto puesto en pie por Dave Brailsford, un especialista en convertir la energía potencial en energía cinética.
El Sky no es, en realidad, un equipo ciclista, sino una fábrica en la que el director de producción es un psiquiatra que dice a sus ciclistas que las pasiones les frenan, que la confianza en uno mismo sólo se puede construir dejando a un lado las emociones y confiando únicamente en la razón.
El psiquiatra, no psicólogo -la diferencia no son las pastillas que pueda recetar al parecer, sino el tipo de trabajo que hace para mejorar las conexiones productivas en el interior de las cabezas de sus chicos-, se llama Steve Peters y en la primera reunión del equipo británico, que, apoyado por el imperio Murdoch, quiere revolucionar el ciclismo y llevar a un británico a ganar el Tour de ahora a tres años, se dio el gusto de impresionar a los corredores, 26 de 13 nacionalidades, con un tratamiento de choque espectacular. Primero les dijo que, mientras un psicólogo les enseñaría simplemente a conducir un coche, él primero abriría la tapa del motor, les mostraría cómo funciona y después les enseñaría a manejar el volante: "Así, si hay una avería, tendréis ventaja". Después les enseñó imágenes de crímenes violentos y les dijo que él había sido psiquiatra investigador que ayudaba a la policía en casos de asesinos en serie, que había trabajado con criminales y que estaba allí para ayudarles a quitarse los chimpancés de la cabeza; para, siguiendo con los símiles zoológicos, ayudarles a ser hormigas.
Todo muy lógico, muy racional. Los chimpancés, les explicó, son las pasiones, el lado irracional de vuestro cerebro, que cuando controla a la otra mitad, al lado racional, supone un freno para vuestro desarrollo. Y vuestro objetivo es ser hormigas, comportaros como robots, saber trabajar, como las hormigas, sin preocupaciones, aceptando los obstáculos sin quejas, superándolos con una actitud positiva.
Ya maravillados de antemano tras una acogida en la concentración que les hizo sentirse a todos personas únicas, especiales -si hasta les convencieron de que sus maillots se elaborarán en Italia con un tejido cuya fórmula sería secreta-, los ciclistas meditaron el mensaje difundido e intentaron asimilarlo.
Peters no es un novato en el mundo del ciclismo, en el que su forma de hacer las cosas ya ha experimentado cierto éxito. Con Bradley Wiggins, por ejemplo. Según cuenta el propio ciclista, en su transformación de un rodador culogordo, especialista contrarreloj y en los velódromos y poco más en un corredor todoterreno capaz de terminar cuarto en el último Tour, tuvo tanto que ver el nutricionista Nigel Mitchell, que le ayudó a perder ocho kilos, como el propio Peters. Ambos, Mitchell y Peters, forman con Brailsford la cúpula del Sky como la formaron también durante años en el equipo británico de pista que tantas medallas ha conseguido. Como director, Shane Sutton un ex ciclista australiano.
Junto a Wiggins, junto al noruego Boason Hagen, que dicen que es la octava maravilla del mundo, en el Sky hay un ciclista español llamado Juan Antonio Flecha, un hombre que más que un profesional es aún un soñador, un hombre de corazón. Un ciclista cuyo combustible es la pasión, el amor, por unas carreras frías, lluviosas y duras llamadas Tour de Flandes o París-Roubaix. Su evolución será la prueba del nueve para el psiquiatra. Si el trabajo de Peters bajo el capó de su cabeza consigue que la razón fría frene los ataques de emoción de Flecha, el motor de su vida ciclista, sin echar a perder el deseo, habrá que concluir que en el Sky ni siquiera el cielo es el límite.

miércoles, 10 de febrero de 2010

LA OBSESION DE GANAR A CONTADOR



Oyéndoselo contar a Bradley Wiggins en el Times, las sesiones de entrenamiento del ciclista británico las pasadas semanas en las montañas de Mallorca debieron de ser, cuando menos, curiosas. Para que mejore como escalador, a Wiggins, un pistard reciclado, cuarto en el último Tour, estrella del supertecnológico Sky, la revolución del siglo XXI, su jefe, Dave Brailsford, le entregó un DVD con un análisis detallado de las etapas de montaña de la carrera francesa, los ataques de Alberto Contador, Andy Schleck y Lance Armstrong. Lo conoce todo de ellos: la duración de sus arrancadas, la velocidad, el tiempo del hachazo... "Y, conociéndolo, salimos a entrenarnos con un motociclista y, llegado el momento, le decimos que acelere y monte un ataque a lo Contador, a lo Schleck: 20 o 30 segundos a tope. La moto ataca y salgo a por ella", dice Wiggins, que cumplirá 30 años en abril y sueña con convertirse en el primero de su país que gana el Tour: "Contador es el mejor escalador, pero es humano, batible".
En tan insólita estrategia de entrenamiento se ligan por un lado el carácter obsesivo, compulsivo, de Wiggins y el alma perfeccionista de Brailsford, a quien, por su atención al detalle y su forma de irrumpir en el ciclismo profesional como un elefante en una cacharrería de prejuicios y malos hábitos heredados, se le podría considerar el nuevo Manolo Saiz. Otras de sus innovaciones que han fascinado al mundo del ciclismo son el diseño de los cuellos de los maillots del Sky para evitar molestos roces en la nuez o el faro del techo del autobús para que, terminadas las etapas, los corredores sepan adónde dirigirse.
Sin llegar a tanto, lo de las motos deja fascinado a Contador. "¿Que hace eso contra la moto?", pregunta incrédulo el campeón del último Tour; "en teoría, no es mala idea, pero es imposible reproducir todo lo que pasa en una carrera: el cansancio acumulado, el viento en la montaña... Y, sobre todo, el momento del ataque, para lo que cuenta tanto cómo va el que va a atacar, sus piernas, y el análisis instantáneo que hace de cómo van sus rivales estudiando sus caras, sus gestos, sus tics...".
Aún no hay máquina para tanto, pero, llegado el tiempo, Brailsford la conseguirá, seguramente, aunque le cueste tener que aguantar los sarcasmos de la gente del ciclismo de toda la vida.
Gente como Jonathan Vaughters, el director del Garmin, el equipo con el que Wiggins rozó el podio del Tour gracias a su regularidad en la montaña y con el que rompió su contrato este invierno guiado por las libras esterlinas del Sky. "Pero el Tour de 2010 no se parece en nada al de 2009, que le iba muy bien al estilo regular de Wiggins, que resistió muy bien las etapas de montaña porque casi todas consistían en una buena dosis de terreno llano y una dura subida final", dice Vaughters; "en el Tour pasado, además, la táctica de Bruyneel de frenar a Contador para que no se quedara fuera del podio Armstrong le vino muy bien. No hubo grandes batallas".
Las únicas batallas las intentaron organizar los hermanos Schleck: Andy, segundo finalmente, y Frank, quinto. Contador piensa que Andy será el rival más peligroso en 2010 y el joven luxemburgués acepta la nominación. "Contador es el mejor ciclista del mundo", dice el pequeño de los Schleck; "tendré que usar todos los medios para estar a su nivel, para progresar. Mi objetivo sigue siendo ganar el Tour".
Para progresar, Andy, quien estos días se ha bajado de la bicicleta por una tendinitis en una rodilla -la misma afección que su compañero Fuglsang, un joven, fino y extraordinario escalador danés-, también se ha empapado este invierno de los vídeos del Tour y ha llegado a una conclusión inevitable: "He comprendido que, cuando ataca en la montaña, a Contador no se le puede dejar ni un metro. Si no, estás perdido".
Lo que no dice es lo que hará para evitar que Contador -"me entreno lo mejor posible para estar más fuerte que en 2009", advierte el de Pinto- salga disparado cuando el corazón y el cuerpo se lo pidan en los Pirineos. ¿Montarse en una moto, quizás?

miércoles, 3 de febrero de 2010

HACER VIDA DEL CICLISMO


Dicen que hay estudios que su futuro no está más allá de la cola del paro que más cerca toque. Cuentan que determinadas carreras universitarias capacitan a la persona pero no al profesional. Caminos difíciles en los que asomar por cualquier hueco obliga a inacabables horas de esfuerzo, tantas veces sin recompensa. El ciclismo profesional se asemeja a estos trayectos. Días y días de kilómetros, zapatillas desgastadas, maillots y culottes rasgados, magulladuras que marcan un punto en el recuerdo. Viajes en coche, madrugones a la seis de la mañana, victorias... y derrotas.
Son muchos los que lo han intentado pero muy pocos los que han abierto el imperdible que acabará colocando un dorsal profesional en su espalda. Esta temporada tendremos muy sencillo localizar a un murciano en las carreteras: irá de negro, vestirá los colores de Caisse D´Epárgne. Sólo cuatro. Y eso que uno de ellos es de los tres mejores ciclistas del mundo, otro un diamante en bruto al que sus directores pulen con mimo año a año, el tercero un doméstico de los que todo líder quiere a su lado y el cuarto uno de los jóvenes llamados a tomar el relevo a la generación que aun capitanea el cántabro Óscar Freire.
No se crean que están ahí por ser los únicos que lo han intentado. Como siempre son más los que no llegan. Duele más cuando tus resultados muestran tu valía pero éstos resultan insuficientes para garantizar tu futuro. Y no piensen que Murcia es la excepción. Excepcionales ciclistas, excepcionales en mayúscula y con neones de colores, se encuentran ahora mismo en el paro y sin equipo en donde ejercer su profesión el próximo año. Un grupo en el que destacaría al vasco David Herrero, un corredor con instinto ganador, a un gregario de la valía de Iker Camaño, a velocistas como Javier Benítez y Joaquín Sobrino, a escaladores como Julián Sánchez Pimienta y Jaume Rovira, al imprescindible Adrián Palomares, extensión de cualquier director deportivo en una carretera o al manchego Diego Milán, considerado desde juveniles uno de los ciclistas con mayor proyección del pelotón nacional.
Nombro a estos ocho por un solo motivo: todos se encuentran todavía en el apogeo de su carrera, algunos como Milán o Sobrino todavía ni han llegado a él. Corredores que han firmado buenas temporadas estos pasados años pero a los que la desaparición de equipos y la reducción de plantilla de varios conjuntos ha dejado en la calle. Ocho corredores que deberían continuar en profesionales y que lo harían de encontrarnos años atrás.
Esta situación empuja a todo el mundo y no es ajena más que a las grandes estrellas y a los ciclistas de clase media-alta, que de todos modos también ven como les termina repercutiendo la reducción de muchos presupuestos. ¿Y los nuestros? Muchos más podrían seguir en profesionales pero, ante el ecosistema descrito, a la mayoría no les ha quedado más que recalificarse en el campo amateur, el ahora conocido como élite y sub 23.
Los profesionales del extinto Contentpolis-AMPO han encontrado una vía de escape en una categoría complicada, en la que los jóvenes pujan con descaro y en donde a los recalificados se les exige demostrar sus años de experiencia profesional. El proyecto baja un escalón y se queda en el campo aficionado, eso sí con la intención de regresar a profesionales lo antes posible. El Gobierno murciano continúa apoyando un equipo en el que estarán el yeclano Sergio Domínguez y el muleño Jesús Buendía, ambos apartados de las carreteras por dos caídas tan graves que pudieron alejarles para siempre de la práctica de este deporte. Buendía a finales de 2008 en Bélgica, en la Izegem Koerse, y Sergio Domínguez el pasado mes de septiembre en la Vuelta a España, a dos días del final y cuando ya se veía la meta en Madrid. En ambos casos la caída llegó en el mejor momento profesional del corredor. El muleño llegaba tras haber sido segundo en una vuelta por etapas en Portugal y el yeclano tras conseguir la fama en toda España por su rapidez en acoplarse a un deporte que no había sido el suyo hasta los veinte años.
Pero no son los únicos. El manchego, aunque afincado en Alhama de Murcia, Rafa Serrano también competirá en el Inverse-Murcia, lo mismo que Javier Chacón o Iván Martínez, todos con mayor o menor experiencia en el ciclismo profesional. Claudio Casas se recalifica en el Hierros Agüera y David Calatayud en el Mutualidad de Levante tras probar medio año en la categoría reina. El jumillano Salvador Guardiola también se da otra oportunidad y probará suerte en Asfaltos Guerola.
El ciclismo es un deporte en el que no es fácil labrarse un futuro, un camino en el que asomar por cualquier hueco obliga a inacabables horas de esfuerzo... pero una carrera en la que se capacita tanto a la persona como al profesional.

lunes, 4 de enero de 2010

EL PRIMER MITO DEL CICLISMO


Il tuo capo é morto", le llora Nino Defilippis, huérfano, a Bahamontes por teléfono. Es el 4 de enero de 1960. Dos días antes, en el hospital de Tortona, ha muerto Fausto Coppi.
"Murió de malaria. La cogió en Alto Volta [actual Burkina Faso]", recuerda Bahamontes. "Habían organizado unos critériums y una cacería. Fueron Coppi, Anquetil y Geminiani. A mí, como había ganado el Tour ese año también me dijeron de ir, pero me entró miedo y no fui. Tenía miedo de agarrarme unas fiebres en África. Hacía unos años ya había pasado las tifoideas y las pasé canutas. Estuve al borde de la muerte. Se me cayó el pelo. Me quedé en 56 kilos, sin fuerzas ni para andar, me tenían que llevar de los brazos mis hermanas de paseo por Toledo... Y, además, para cazar, ya tenía yo mis montes, no necesitaba ir a África".
De África regresa Coppi con fiebre y con fiebre, ardiente, pasa las navidades de 1959. En el hospital, los médicos, erróneamente, le diagnostican gripe y no atienden ni siquiera una llamada de Francia. Son los padres de Geminiani. "Raphäel, nuestro hijo, ha vuelto también con fiebre, la misma fiebre de Fausto, y es malaria. La está derrotando con ayuda de quinina", ruegan en vano. La madrugada del 2 de enero, Coppi le da una última orden a su gregario Ettore Milano, que vela junto a su lecho. "Dame aire", le pide el campionissimo a quien tantas veces había pedido agua en el pelotón. Milano le cambia la bombona de oxígeno por última vez.
Murió el ciclista a los 40 años y nació el mito, clamaron durante años los lugares comunes, que, como casi siempre pasa con todos los tópicos, también yerran. Murió el ciclista, sí, pero el mito, el mito de Coppi, ya había nacido mucho antes, todo lo más tomó prestadas nuevas alas, eternas. Murió joven el hombre, escribió Gianni Brera, una muerte fatal con la que los dioses le honraron evitándole la afrenta de la vejez, el declive, cualquier merma a su gloria. Le hicieron morir joven. Le robaron también el derecho a elegir la parte de la historia de su vida que querría que se contara, convirtieron toda su vida en historia. Una leyenda que ha alimentado la memoria sentimental de todos los italianos de la segunda mitad del siglo XX, como la vida de los toreros, Manolete, Juan Belmonte, conformó a los españoles de la negra posguerra.
Fausto Coppi. Niño de Castellanía, tierras arcillosas, yermas, del Piamonte, en los años del fascismo, niño pobre, mancebo de una charcutería, niño deforme en tierra, largas piernas, esternón prominente, arista de la carena de su pecho, nariz afilada, morfología de la garza; niño armónico sobre la bicicleta, huesos frágiles (13 fracturas contabilizadas en una carrera que se alargó hasta la primavera del 59, hasta su abandono en la Vuelta a España a orillas del pantano de Yesa). Pulmones, músculos de acero, récord de la hora en Vigorelli, cinco Giros, dos Tours, campeón del mundo, 144 victorias en 666 carreras, todas en fuga, un uomo solo al comando, todas en solitario, las victorias de un hombre que sufría y que, tímido, culpable, no levantaba los brazos para celebrarlas, ya fuera en San Remo o al final de una fuga heroica, por innecesaria, de la Cuneo-Pinerolo, Aquiles y sus dioses derrotando a Héctor, tan humano, en el Giro del 49. Fausto Coppi, el descubrimiento de Biagio Cavanna, el masajista ciego, soldado en África, en Túnez, cautivo de los ingleses, en fuga desde Nápoles a Milán en bicicleta, 814 kilómetros en 48 horas. Fausto Coppi, la mitad de Italia, el hombre moderno, laico, contrapuesto al hombre antiguo, a Gino Bartali, de Acción Católica, Democracia Cristiana, amigo de Papas, fumador empedernido, amante de un buen vaso de rosso. Fausto Coppi, hermano de Serse, el ciclista que ganó la Roubaix del 49 y murió al partirse la cabeza en la Milán-Turín del 52; el esposo de Bruna y padre de Marina, el amante de Giulia, la mujer de su médico -y también Anquetil le robó la mujer a su médico-, y padre de Faustino, el hijo de la vergüenza, obligado a nacer en Buenos Aires para evitar que la justicia, la iglesia, italiana, se lo entregara al esposo legítimo. Giulia Occhini, la dama blanca, amante y celosa, encarcelada tres días, denunciada por adúltera, la venganza de su marido.
Gracias a Fausto Coppi, Bahamontes ganó el Tour. "Me convenció un invierno en Toledo, comiendo unas migas", dice Federico. "No había cazado nunca con galgos y le invité un día. Y me dijo que no me debía conformar con ganar la montaña, que si tuviera un equipo para mí podría ganar el Tour. Y firmé con su equipo, el Tricofilina, que era una marca de brillantina. Y con la selección española gané el Tour".
Gracias a Coppi, a su vida y sus misterios, la pasión se hizo inseparable del ciclismo.